martes, 1 de febrero de 2011
RITMO PURO
lunes, 13 de diciembre de 2010
AJENO 10

Cuando apenas conocía a Borges, admiraba más su prosa que su poesía. Pensaba que era un ensayista metido a poeta. Es que costaba descubrir al vate en tanta profundidad de pensamiento.
En este poema descubrí al poeta, cuando en medio de su eternorretornismo y su parnaso filosófico, surge, como de la nada, “una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota”.
Después volví a encontrarlo en otros memorables poemas. Pero a este lo leí tantas veces, que hasta puedo repetirlo de memoria palabra por palabra.
LA NOCHE CÍCLICA
A Sylvina Bullrich
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.
En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;

cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.
Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).
No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo
que es de los arrabales. Una esquina remota
que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
una higuera sombría y una vereda rota.
Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres
de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
las felices victorias, las muertes militares.
Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
son corredores de vago miedo y de sueño.
Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
Autor: Jorge Luis Borges (de “El otro, el mismo” 1940),
martes, 30 de noviembre de 2010
AJENO 9

La luna vino a la fragua
En el aire conmovido
Huye luna, luna, luna.
Niño, déjame que baile.
Huye luna, luna, luna,
Niño, déjame, no pises
El jinete se acercaba
Por el olivar venían,
Cómo canta la zumaya,
Dentro de la fragua lloran,
Autor: Federico García Lorca (de “Romancero Gitano)
No me gusta explicar poemas que de por sí son pura música y por lo tanto no necesitan ninguna explicación.
Pero conocer ciertas claves lorqueanas puede dar un “bonus track” como se suele decir ahora.
Cuento como lo veo yo:
Los gitanos se han ido a vender sus artesanías y queda en el taller el niño enfermo. La luna (la muerte) viene a visitarlo disfrazada de gitana y empieza a seducirlo con su baile
“…y enseña lúbrica y puraEl gitanillo se asusta y trata de amenazarla:
sus senos de duro estaño”
“Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos” .
Pero ella no sólo no se conmueve, sino que hace su predicción-amenaza:
“…te encontrarán sobre el yunqueMás asustado, el niño quiere hacer aparecer como inminente la llegada de los gitanos, pero la luna cierra violentamente la conversación.
con los ojillos cerrados”
Los gitanos que vuelven cansados del trabajo mientras el gitanillo agoniza, encuentran una pista de lo que ocurre en el canto de mal agüero de la zumaya.
La muerte ha cobrado su presa:
“Por el cielo va la lunaEl drama se completa al llegar los gitanos rompiendo en gritos y lamentos.
con un niño de la mano”
miércoles, 11 de agosto de 2010
¡CARPE DIEM!

¿Por qué avizorás un futuro ruinoso entre la nebulosa de un pasado en sombras. Vivís el ya como algo tan efímero que ni alcanzás a tocarlo.
El beso es ahora y ahora es la plenitud. Yo ya he vivido y también viviré, pero el disfrute no es tiempo...
...ni es vida.
Autor: Ernesto (de “Naufragios y otras soledades”)
miércoles, 21 de julio de 2010
AJENO 8
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.
Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.
Autor: Cesar Vallejo(de “Los Heraldos Negros” 1918)
viernes, 11 de junio de 2010
INTENTO
viernes, 14 de mayo de 2010
EL CUERVO
El pico en mi pecho, la sombra en mi alma,
sus alas batientes cubriendo mi Palas.
Demonio enviado por fuerzas ocultas,
que niega el nepente,
que miente una ausencia,
que grita perverso su frase maldita.

¡Oh, cuervo infinito!
¿Cuál es tu destino?
¿Qué grita injuriosa
tu verba implacable?
El pico en mi pecho,
la sombra en mi alma,
sus ojos muy negros clavando bien hondo.
Fatídico signo de un mundo de sombras,
que grita “ya nunca” y niega a Leonora.
¡Oh, cuervo canalla!
¿Con quién me confundes?
¿Por qué me persigues si ya nada tengo?
El pico en mi pecho, la sombra en mi alma,
sus fúnebres plumas, igual que puñales,
buscando el secreto para asesinarlo.
Vuelve hasta tu noche. Dile a quien te envía
que yo ya no existo. No vuelvas jamás.
¡Oh, cuervo sagrado!
¿Por qué no me llevas?
¿Por qué no confundes tu pico y mi pecho?
¿Por qué con tu verba no dices Leonora
y no “nunca más”?
Autor: Ernesto (de “Paráfrasis”)




